El nivel de pobreza del primer semestre
El informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) sobre la pobreza correspondiente al primer semestre de 2025 revela una caída sustancial en la tasa de hogares y personas que no alcanzan a cubrir la canasta básica total. El indicador se ubicó en 31,6%, lo que representa un retroceso de más de 20 puntos en relación con el 52,9% registrado en el mismo período de 2024. Aunque la cifra implica que más de tres millones de personas salieron de la pobreza en los últimos doce meses, no está exento de controversias metodológicas y políticas.
El primer aspecto a considerar es el contexto económico en el cual se produjo la caída. La administración de Javier Milei heredó en diciembre de 2023 un panorama con inflación superior al 200% anual, una marcada devaluación y un estancamiento productivo. En ese escenario, el fuerte salto inflacionario llevó los indicadores sociales a niveles récord. La base de comparación del primer semestre de 2024 fue, por lo tanto, extraordinariamente alta, lo que explica que cualquier estabilización relativa se traduzca en una baja significativa.
La metodología de medición de la pobreza en Argentina también requiere un examen minucioso. El INDEC calcula la pobreza en base al valor de la canasta básica total, que surge de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo). Sin embargo, el organismo sigue utilizando referencias construidas en 2017-2018, con un sesgo menor hacia los servicios. El peso creciente de gastos como transporte, educación, salud, comunicaciones y alquiler no se refleja de manera suficiente. Esto significa que una parte de la mejora estadística puede estar sobredimensionada si se compara con la experiencia real de los hogares.
El descenso de la pobreza debe ser evaluado junto con la evolución de los ingresos. Si bien la desaceleración de la inflación (que promedió el 1,5% mensual en el segundo trimestre de 2025) contribuyó a mejorar el poder adquisitivo, los salarios reales se encuentran estancados desde abril. Las paritarias sectoriales han quedado por debajo del índice de precios en varias ramas de actividad, lo que limita la capacidad de consumo de los hogares. El empleo formal muestra leves signos de recuperación, pero el trabajo informal y precario continúa siendo predominante en vastos sectores.
Un elemento adicional es la distribución geográfica de la pobreza. El Gran Buenos Aires sigue siendo la región con mayor número absoluto de pobres, pero provincias del NOA y del NEA muestran porcentajes superiores al 40%. Esta heterogeneidad evidencia que las políticas públicas requieren enfoques diferenciados según las particularidades regionales, ya que los determinantes de la pobreza en un área metropolitana no son idénticos a los de zonas rurales dispersas.
La pobreza infantil constituye uno de los aspectos más dramáticos del informe. El 45,4% de los niños de entre 0 y 14 años viven en hogares cuyos ingresos no superan la línea de pobreza, y un 11,9% de ellos son indigentes. Si bien se trata de un descenso respecto al 67% que alcanzó en 2024, sigue siendo un dato alarmante. La pobreza en edades tempranas no solo refleja privaciones materiales, sino que compromete el capital humano futuro al afectar nutrición, salud, desarrollo cognitivo y desempeño escolar.
A esta situación se suma la persistente feminización de la pobreza. Las mujeres, en particular jefas de hogar con hijos a cargo, presentan mayores tasas de pobreza que los varones. La sobrecarga de tareas de cuidado, el acceso limitado a empleos formales y la brecha salarial de género generan un círculo vicioso que multiplica la vulnerabilidad económica. Sin políticas específicas que incorporen perspectiva de género, la mejora en los indicadores agregados podría dejar de lado a un segmento amplio de la población.
El debate político sobre los datos del INDEC es intenso. El oficialismo presenta la caída de la pobreza como prueba del éxito del programa de estabilización y ajuste. La oposición, en cambio, cuestiona la magnitud de la baja y exige cautela, recordando que el número absoluto de pobres sigue siendo altísimo: más de 15 millones de personas. Organismos académicos, como la Universidad Católica Argentina, piden mayor transparencia en la actualización de la canasta y subrayan la diferencia entre “salir de la pobreza” en términos estadísticos y hacerlo en la realidad cotidiana.
En definitiva, el informe muestra una señal alentadora, pero insuficiente. La pobreza ha disminuido en términos porcentuales, aunque no puede considerarse resuelta. El gran desafío es consolidar la tendencia con políticas activas que promuevan empleo formal, mejoren la distribución del ingreso, fortalezcan la inversión en educación y salud, y aseguren un sistema estadístico confiable. Sin estas condiciones, la baja registrada en 2025 podría quedar como un dato excepcional, más vinculado a la comparación histórica que a una transformación estructural.
El descenso de la pobreza debe ser motivo de análisis profundo y de propuestas superadoras. Argentina enfrenta el reto de transformar una buena noticia coyuntural en una estrategia sostenida de inclusión y desarrollo. El dato del 31,6% será recordado como un hito, pero el futuro dependerá de la capacidad del país para reducir la pobreza estructural que, aún hoy, sigue afectando a millones de ciudadanos.
Octavio Chaparro